Es difícil empezar a narrar esta historia, en primer lugar
porque es sobre mi vida, bueno una parte de ella. Les diré quién soy: no soy
normal.
Soy un chico que tuvo privilegios desde pequeño, no sufrí
carencias económicas, ni divorcio de padres, ni problemas escolares, mi vida
siempre había sido calmada a tal punto de aburrirme hasta límites
insospechados. Pero no se equivoquen, mi vida no era perfecta. Al contrario,
tanto aburrimiento y falta de emoción me llevaron a angustiarme por la vida
misma.
El punto es que en vez de jugar a los soldaditos, carritos o
juegos de mesa yo me dedicaba a leer cuentos. Infantiles y no tanto. Lo
principal era que no tenía amigos ni amigas, suena algo exagerado pero es la
verdad, no tenía ni una puta amistad. Siempre fui demasiado bueno, creo que ese
fue mi problema desde el inicio. Cualquier cosa que decían de mí me afectaba,
siendo sinceros, los comentarios de las personas que te rodean llegan a
afectarte por el hecho de ser en cierta forma destructivos. Sobre todo como en mi caso, teniendo unos 14
años y pesar 64 kilos. No era muy alto pero ya pesaba más que mi padre. Era
escandalosamente gordo. Era espantoso, esa era la imagen que yo tenía de mí.