Les
dije a mis padres que saldría a pasear con un grupo de amigos y para mi buena
suerte ellos me creyeron. Ese día TOP me esperó dentro del auto. Subí a su
Cadillac negro y me saludó, me preguntó dónde quería ir y le dije: No sé.
Mientras observaba el cielo de aquella noche, sentí que me perforaba con la
mirada, giré y lo encontré con los ojos serios y fijos en mí. Se acercó y me
dio un beso, el más dulce que recuerdo.
No
sabía a donde me llevaba, manejaba sin rumbo y cada que podía me preguntaba si
me sentía cómodo. Luego de media hora, paró el auto: estábamos en la puerta de
su departamento. Me sentí bien desubicado, sorprendido y desorientado. ¿Qué
hacíamos aquí? Pero yo confiaba plenamente en TOP, él no iba a hacerme daño.
Entramos
a su departamento. Era espacioso y ordenado tal y como lo había imaginado. Me
acerqué a la ventana y desde allí se podía observar toda la ciudad, cuando di
la vuelta allí estaba él preguntándome si quería beber algo. Cuando le dije que
no, se acercó lentamente y me besó… mi corazón se aceleró.


