La fiesta de fin de curso se había convertido en la perdición, alcohol, drogas y cualquier cosa no autorizada por el director invadía la escuela. Me llamo Tom Kaulitz y soy todo un chico problemas, así suelen llamarme, tengo un grupo de amigos y con ellos dominamos la secundaria, mi vida es perfecta en ese modo, además solo vivo con mi madre ya que mi padre se fue a vivir con su nueva mujer y solo me manda un cheque mensual para mis gastos. En resumen soy hijo único, huérfano de padre y popular en todos lados.
—Kaulitz! Apúrate que el nuevo quiere realizar la prueba de iniciación!
—Ya voy Andreas
Cualquiera que querría ser parte de nuestro grupo tenía que pasar una prueba de valentía y demostrar ser capaz de ser uno de nosotros. Subimos a nuestros autos y lo llevamos a la fábrica principal del pueblo en donde había una reserva de agua, tenía una escalera altísima que simulaba una especie de trampolín para que saltara.
—¿Quién subirá con él?
—Tom tú debes hacerlo, eres el más valiente de todos –Todos me miraron y asintieron con la cabeza tuve que aceptar ya que no me quedaba de otra, me cagaba de miedo eso nadie podía negar pero el miedo no estaba dentro de nuestro vocabulario. Subí detrás de él y nos quedamos admirando el paisaje.
—¿Gustav estás seguro de querer hacer esto? – le dije al pobre estúpido que quería ser nuestro igual, típico de los nuevos en la escuela se emocionan con nuestro grupo-
—Si, así seré alguien cool como ustedes no? – ¿cool? Quien mierda usa esa palabra en nuestra época? Genial, si este cabrón pasaba la prueba tendríamos que soportar un nerd-
—Claro, a la cuenta de tres saltamos. 1…2…3 - Gustav cerró los ojos y sin dudarlo se lanzó al agua..Y como ustedes están pensando en estos momentos yo no lo hice, me quedé viendo como Gustav caía de pansa al agua, eso debió doler una mierda pero pasando los minutos no salió a flote. Bajé las escaleras rápidamente y me sumergí en el agua para tratar de buscarlo, lo saqué y su cabeza estaba llena de sangre, al parecer al caer se estrelló con uno de los tubos y se desmayó-
—Mierda Andreas! Y ahora que hacemos!? – le dije a mi líder mientras arrastraba el cuerpo de Gustav hacia mis amigos-
—¡Vámonos de aquí antes de que aparezca la policía! - Típico de Andreas, supuestamente era el más bravo de todos… En esos momentos escuchamos a lo lejos las sirenas de las patrullas y las alarmas de la fábrica se encendieron, subimos a nuestros autos y arrancamos. La noche no me dejaba ver nada y terminé estrellándome con una pared, seguidamente me rodearon y pasé la noche en la comisaría, mi madre me sacó y no me dijo nada camino a casa.
Al día siguiente me encontraba sentado en la oficina del director esperando mi castigo.
—Kaulitz, ¿cuándo cambiarás? - ¿Cambiar? Yo no tengo la culpa de que los demás chicos quieran ser tan perfectos como yo, que ellos cambien …-
—No hice nada
—¿Alcohol, drogas en la escuela, fábrica de agua, Gustav? Encontramos muchas botellas de cerveza en tu auto y acaso no recuerdas al pobre joven que dejaste abandonado a su suerte mientras su cabeza sangraba? – El punto era este, todo el mundo me culparía por el imbécil de Gustav-
—Ayer era una fiesta, ¿acaso creía que todos los chicos se iban a tomar de la mano y a bailar en una ronda como mocosos de primeros grados? Y aclarando el otro tema, yo no le obligué a hacer nada, el solo se partió la cabeza.
—Ya basta, la policía te dejó libre porque intercedimos por ti. Ahora cumplirás labor social, cuando acaben las clases te juntarás con el club de teatro y también ayudarás a niños con problemas de aprendizaje los fines de semana.
—No quiero hacer esa mierda - ¡Lo que me faltaba!
—Cuida esas palabras, ahora sal de mi oficina y ten presente que Gustav pudo haber muerto.
Salí de la oficina botando humo y fui en búsqueda de mi pandilla, nos la pasamos conversando y mientras se burlaban de mi muy mala suerte afuera de la escuela vimos pasar al exiliado número uno de todos, Bill Trumper. Como era de costumbre llevaba puesto el mismo suéter de siempre, uno de color celeste que lo hacía ver como una mujer, en realidad todo Bill parecía mujer y lo más gracioso es que el cabronazo al parecer ni enterado estaba de que todos lo llamaban marica.
—Bonito suéter – le dijo Nat mientras pasaba por nuestro lago intentando ignorarnos-
—Gracias – nos dedicó una sonrisa desinteresada y siguió su camino, nosotros nos descojonamos de risa por su ingenuidad y porque no había alumno alguno que se ofreciera a ayudarlo con esa enorme caja que cargaba con cosas aparentemente para el club de astronomía al que acudía-
Luego de un cansado día de clases retorné a casa y mamá me hiso ir a la iglesia, según ella para que Dios me perdonara por todas las estupideces que cometía. Si la humanidad no cambiaba era porque ellos lo querían así no teníamos que ir como estúpidos a rogarle a un ser supremo a quien le llamaban el padre de todos. ¡Una mierda! ¡Él no me parió!
Nos encontrábamos sentados en la segunda fila de la pequeña iglesia mientras la gente cantaba y pude ver a Bill en el coro, su padre era el pastor del pueblo y pues era algo normal que su hijo se creyera esas mierdas de Dios y su misericordia. Su voz era especial, cantaba en el club de teatro ya que en realidad y es raro que yo diga esto, si un ángel cantara asumo que su voz sería igual a la de Bill. Terminó la sesión y al salir me encontré con mis amigos, nos fuimos a pasar el día juntos y a beber un poco, regreso a casa tuve que traer a Nataly conmigo
—¿Quiéres pasar a mi casa? Mis padres no están – Una oferta tentadora pero yo ya no quería verme involucrado con ella-
—Nat, todo se acabó – le dije mientras la miraba con un rostro de pocos amigos-
—Está bien, cómo quieras. – se bajó del auto y tiró la puerta-
Mi relación con ella había terminado porque simplemente me aburrí, el sexo era genial pero no quería estar atado a nadie, soy Tom Kaulitz, libre por naturaleza y soltero codiciado. Ella era de esas chicas a las que le gustaba salir a pasear, comer y presumirme con sus otras amigas, la soportaba pero me dejaba en la quiebra y yo no era de esos chicos que saliera a bailar, no sé bailar! Y no me interesa aprender.
Al día siguiente mi madre me obligó a ir al club de teatro por órdenes del director, Georg pasó por mí y nos fuimos juntos, me dejó en la puerta de la escuela y caminé hacia el salón de ensayos.
—¡Vaya! Al fin llega señor Kaulitz – los demás alumnos se callaron al notar mi presencia y empezaron a cuchichear entre ellos. Malditos imbéciles.-
—Buenas tardes profesora, el director dijo que apoyaría en el club quizá limpiando algo no lo sé.
—Tome asiento y guarde silencio. – me senté cerca de un montón de chicos que ni conocía, de seguro perdedores y claro Bill estaba entre ellos mirándome inquisitoriamente-
—Este año vamos a presentar una obra escrita por el alumno David Jost, es una hermosa historia de romance entre dos chicos de distinta condición social, entre bares y corrupción del antiguo Nueva York. Bill tendrá el papel principal del joven que es cantante y Tom será el otro protagonista quien es dueño del bar y se enamora del cantante – ¡QUÉ MIERDA!-
—Un momento! Yo no tengo pensado actuar! – me levanté del asiento alterado y escuchando como todos se reían de mí, genial los mataría a todos-
—Silencio señor Kaulitz, más le vale que actúe en la obra o quedará suspendido.- Puto director hijo de la mierda, no tenía escapatoria-
Estuvimos ensayando toda la tarde mientras me moría del aburrimiento. Bill se lo tomaba en serio y se llevaba bien con todos, me desesperaba su comportamiento de niño bueno. Al terminar los ensayos llamé a Georg pero este no me contestaba, lo esperé bastante tiempo afuera pero el muy bastardo no aparecía.
Bill salió cuando yo ya me estaba desesperando y subió a su auto, se me quedó mirando y me acerqué
—¿Quieres hacer tu buena acción del día? – le dije mientras el bajaba la luna de su auto y me miraba algo sorprendido. No sé como pero ahora me encontraba con él en su auto mientras me llevaba a casa, al pasar por una tienda vi a mis amigos y al bastardo de Georg con ellos, me agaché para que no me vieran y Bill puso algo de música religiosa.
—La presión social es algo molesto – dijo mientras me miraba de reojo -
—No sé de qué hablas
—¿Has ido a ver a Gustav? Está en el hospital, gracias al cielo no fue algo tan grave, pensé que podría haber quedado en coma.
—No, no tengo porque ir
—Tus acciones lo llevaron a cometer esa locura –lo que me faltaba, pasar media hora en el carro de este religioso justiciero-
—Nadie le puso una pistola en la cabeza
—Se llama presión social Tom´
—¿Y dónde leíste eso, en tu libro sagrado?
—Te refieres a mi biblia intuyo
—Exactamente
—¿No crees en Dios?
—¿Por qué tendría que creer en él? – se quedó callado y siguió manejando, no intenté empezar una conversación y Bill lo entendió claramente —… es aquí, aquí vivo -El auto se detuvo y bajé diciéndole gracias con un gesto. Entré a casa y mamá me sonrió.
—Veo que haces nuevos amigos. Bill Trumper es una excelente persona
—Mamá, ese anormal no es mi amigo.
—Cuida tus palabras Tom.
Pasé una semana entre clases a niños estúpidos y ensayos del teatro, no podía memorizar los diálogos y todo se me complicaba, solía ensayar con Georg pero este se la pasaba haciendo bromas así que recurrí a una emergencia.
—Buenos días Bill – Me le acerqué mientras sacaba un libro de su locker-
—¿Kaulitz?, es tan raro que seas el primero en saludarme –créanme que ni yo me lo podía creer pero la desesperación manejaba mi fuerza de voluntad-
—No tiene nada de malo, oye Bill ¿no quieres ayudarme con mis diálogos?
—No – respondió inmediatamente-
—Pero Bill si no memorizo la obra saldrá mal y David merece lo mejor. No quiero arruinar nada del club de teatro porque aunque no parezca me divierto mucho – Vamos tenía que aceptar maldición! Se me quedó mirando analizando mi expresión-
—Está bien, pero promete algo Tom – ¡Bingo!-
—Lo que quieras
—Promete que nunca te enamorarás de mí
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